Entradas, saldos contra entrega y financiamiento propio. Cuando el ticket es alto, un solo cheque protestado se lleva el margen de varias ventas.
No es que rebote más seguido. Es que cuando rebota, rebota grande.
Un cheque protestado en un patio de autos no se compensa con las ventas del mes: se lleva el margen de varias unidades de una sola vez.
El vehículo sale del patio el mismo día. Cuando el banco informa el protesto, el auto ya está circulando y la matrícula en trámite.
A diferencia del cliente recurrente de una distribuidora, el que compra un vehículo casi siempre es alguien con quien usted no tenía historial.
Cada uno tiene su propia forma de salir mal.
El cheque de entrada llega antes de que se firme nada definitivo. Si se protesta, usted ya reservó la unidad, la sacó de la vitrina y perdió otras oportunidades de venta.
El caso más caro. El comprador paga el saldo con cheque y se lleva el vehículo. Entre la entrega y la noticia del protesto puede pasar tiempo suficiente para que la recuperación se vuelva un asunto legal.
Cuando la concesionaria financia por su cuenta y recibe cheques a futuro, el riesgo no es de un documento: es de toda la serie.
Cuando el patio paga con cheque al recibir un usado en parte de pago, la lógica se invierte pero el riesgo existe igual para la contraparte.
Todo el valor está en el orden: primero la respuesta, después la entrega.
En el escritorio del vendedor, como siempre. No cambia el trato ni la conversación de venta.
Desde el celular con la app, por WhatsApp o al call center. Se envían los datos del cheque y el documento del girador. La respuesta llega en minutos, con el comprador todavía sentado.
Si el cheque se autoriza, recibe un código de garantía que se anota al reverso. Recién ahí sale el vehículo.
Cumplidos los requisitos de la garantía, el dinero vuelve a usted. El problema de cobrarlo es nuestro, no suyo.
Cuéntenos cuántas unidades mueve y cómo cobra hoy. Le armamos una propuesta para su operación.